Un buen día, un amigo del poblado de San Francisco en la Sierra de Álvarez, nos comentó de un sótano oculto en la Sierra de los Árboles en el cual a su saber, nadie se habia metido. Para la siguiente salida nos encontrabamos subiendo una empinada pendiente de un cerro de los más altos de la Sierra de Álvarez en San Luis Potosí, con el piso cubierto de hojarasca y bloques de caliza finamente pulidos por la disolución del agua a lo largo de cientos y miles de años. En lo profundo del bosque se asomaba una boca cicrular de 15 m de diametro, nos acercamos a la orilla para arrojar piedras y estimar la profundidad del primer tiro. Una tras otra golpeaban en el fondo de la cilindríca oquedad,... entre 70 y 80 m de caida libre fue el cálculo aproximado. Al ser uno de los primeros sótanos que explorariamos por nosotros mísmos, nos llevo varios fines de semanas, el recorrer las traicioneras curvas de la carretera San Luis Potosí-Río Verde, caminar entre cerros y subir hasta la punta de uno de estos para colocar la cuerda en el lugar más adecuado y lo mas libre posible de derrumbes para descender aquel abismo de paredes grises. Durante el primer descenso, una pareja de búhos revolotearon de entre las paredes del sótano y salieron huyendo hacia uno de los arboles que circundan la entrada de la cavidad. Resultó ser un cilindro casi perfecto de 70 m de profundidad, y en el fondo bloques de derrumbe y arboles de diferentes tamaños procedentes de la boca de entrada del sótano se disponen formando una rampa que desciende a un salón con paredes adornadas por coladas de diferentes tamaños y formas. Algunas de ellas de un color blanco lechoso y con diminutos cristales que brillan al ritmo de las lámparas que nos abren el paso en la oscuridad.
Posterior a este, otro pequeño tiro de 10 m para llegar a un alargado salón donde delgadas estálactitas cuelgan desde el techo y casi a la altura de nuestros cascos. En uno de los extremos del salón, continúa un pasillo que se hace cada vez más estrecho hasta volverse una grieta de 40 cm de largo y unos cuantos cm de ancho por donde no es posible seguir. Del otro lado del salón, continúa un meandro que tuerce en curva hacía la izquierda en dirección del tiro principal y acaba justo debajo de este denotando el final del sótano. El suelo cubierto por una gruesa capa de lodo, y en él, huellas de un par de botas... alguien más estuvo aquí antes. Una posterior investigación, nos reveló que el Sótano de Ojo de Agua de los Búhos, había sido explorado por primera vez en noviembre de 1969 por una pareja de norteamericanos que topografiaron y reportaron su descubrimiento en una de las publicaciones de la AMCS (Association for Mexican Cave Studies). La satisfacción no proviene de haber sido los primeros o no, sino el haber podido contemplar la belleza de esta cavidad y haberla descendido por nosotros mismos, sin saber a donde nos llevaría la oscuridad en las entrañas de aquel solitario cerro en lo alto de la Sierra de Álvarez. (Existen varios sótanos con el nombre de "Ojo de Agua" por lo que decidimos agregar el "de los Búhos", para diferenciarlo y por ser el hogar de la pareja de búhos que nos encontramos en el).